Control de grupo

Qué hacer cuando los niños no siguen instrucciones en preescolar

julio 30, 2026
¿Repites las instrucciones varias veces y el grupo no responde? Conoce estrategias prácticas para captar su atención, dar indicaciones claras y mejorar la cooperación en el aula.
🕘 8 min de lectura    ◇ Organización    ♡ Bienestar
Qué hacer cuando los niños no siguen instrucciones en preescolar

Das una indicación clara, pero algunos niños siguen conversando. La repites y varios continúan jugando como si no hubieran escuchado. Esperas unos segundos, vuelves a intentarlo y, cuando notas que nadie responde, terminas elevando la voz.

Si esta escena ocurre con frecuencia en tu aula, no significa que seas una mala maestra ni que tengas un grupo imposible de manejar. Trabajar con niños que no siguen instrucciones en preescolar es uno de los desafíos más comunes en educación infantil.

Lo importante es comprender que, muchas veces, el niño no está tratando de desafiarte. Tal vez no escuchó, no entendió lo que debía hacer, olvidó parte de la indicación o todavía no consigue detener una actividad para comenzar otra.

Antes de recurrir a los gritos, las amenazas o los castigos, conviene revisar cómo se están dando las instrucciones y qué necesita el grupo para responder mejor.

¿Por qué algunos niños no siguen las instrucciones?

Seguir una instrucción parece algo sencillo, pero en realidad requiere varias habilidades al mismo tiempo.

El niño necesita prestar atención, comprender las palabras, recordar lo que debe hacer, dejar a un lado lo que estaba haciendo y controlar el impulso de continuar jugando. Después, debe organizar sus movimientos para realizar la acción solicitada.

Para un adulto, todo este proceso ocurre casi de forma automática. Para un niño pequeño, todavía es un aprendizaje.

Por eso, cuando hay niños que no siguen instrucciones en preescolar, es importante observar qué puede estar dificultando su respuesta.

Algunas causas frecuentes son:

  • La instrucción contiene demasiadas acciones.
  • Hay mucho ruido o distracciones alrededor.
  • El niño está concentrado en otra actividad.
  • No comprende algunas palabras utilizadas por la maestra.
  • La tarea es difícil o poco adecuada para su edad.
  • Necesita más tiempo para procesar la información.
  • Está cansado, frustrado, preocupado o necesita moverse.
  • No sabe qué ocurrirá después.
  • Ha aprendido que la indicación será repetida muchas veces.
  • Necesita apoyos visuales o acompañamiento individual.

No es lo mismo un niño que se resiste a guardar los juguetes que uno que no entendió dónde debe colocarlos. La conducta puede parecer igual, pero la intervención debe ser diferente.

1. Consigue su atención antes de dar la instrucción

Uno de los errores más frecuentes es comenzar a hablar cuando los niños todavía están jugando, conversando o mirando hacia otro lugar.

Puedes explicar perfectamente lo que deben hacer, pero si no estaban atentos, la instrucción no fue recibida.

Antes de hablar, utiliza una señal de atención. Puede ser una canción corta, una campana, una secuencia de palmas, una frase que los niños completen o una tarjeta visual.

Después de utilizar la señal, espera. Comprueba que la mayoría haya dejado los materiales, guarde silencio y dirija su atención hacia ti.

Una señal de atención debe enseñar al niño cuatro acciones sencillas:

  • Detener lo que está haciendo.
  • Dejar el objeto en sus manos.
  • Mirar a la maestra.
  • Prepararse para escuchar.

No esperes a que el grupo esté desordenado para enseñar esta dinámica. Practícala cuando los niños estén tranquilos y conviértela en un pequeño juego.

2. Da una instrucción a la vez

Cuando trabajamos con niños que no siguen instrucciones en preescolar, conviene revisar cuántas acciones estamos incluyendo en una sola frase.

Imagina que dices:

“Guarden los colores, cierren el cuaderno, coloquen las sillas en su lugar, formen una fila y esperen en silencio”.

Para un adulto, la secuencia es lógica. Para un niño de cuatro o cinco años, puede ser demasiada información.

Algunos guardarán los colores, pero olvidarán cerrar el cuaderno. Otros se levantarán inmediatamente para formar la fila. Varios comenzarán a preguntarte qué debían hacer.

Es mejor dividir la instrucción:

“Primero, guardamos los colores”.

Cuando hayan terminado:

“Ahora, cerramos el cuaderno”.

Después:

“Colocamos la silla en su lugar”.

Una indicación breve facilita la comprensión y te permite identificar rápidamente quién necesita apoyo.

3. Utiliza palabras claras y concretas

Frases como “compórtate bien”, “haz caso” o “pórtate correctamente” son demasiado generales. El niño puede escucharlas, pero no necesariamente sabe qué acción debe realizar.

En lugar de decir “compórtate”, indica exactamente lo que esperas:

  • “Siéntate en tu silla”.
  • “Coloca los bloques dentro de la caja”.
  • “Camina despacio”.
  • “Guarda el lápiz en el estuche”.
  • “Espera detrás de tu compañero”.
  • “Pon las manos sobre tus piernas”.

También conviene evitar preguntas cuando realmente no existe una opción.

Si preguntas: “¿Quieres guardar los juguetes?”, el niño puede responder que no. En cambio, puedes decir con tranquilidad:

“Es momento de guardar los juguetes”.

La firmeza no depende del volumen de la voz, sino de la claridad del mensaje.

4. Muestra lo que deben hacer

Los niños pequeños comprenden mejor cuando pueden ver la acción.

Si deben guardar materiales, toma uno y muestra dónde se coloca. Si deben formar una fila, señala el punto exacto donde comienza. Si deben abrir el cuaderno, enseña la página correspondiente.

Los apoyos visuales también pueden representar rutinas como:

  • Guardar los juguetes.
  • Lavarse las manos.
  • Sentarse durante la asamblea.
  • Preparar los materiales.
  • Ordenar la mesa.
  • Formar una fila.

Estos recursos no son útiles únicamente para los niños que presentan alguna necesidad educativa. Benefician a todo el grupo porque reducen la cantidad de palabras necesarias y hacen visible la instrucción.

5. Comprueba que comprendieron

Preguntar “¿entendieron?” no siempre funciona. Muchos niños responderán que sí porque quieren continuar, aunque todavía no sepan qué deben hacer.

Es mejor utilizar preguntas concretas:

“¿Qué haremos primero?”.

“¿Dónde guardaremos los bloques?”.

“¿Qué debemos llevar a la mesa?”.

También puedes pedirle a un niño que muestre la acción:

“Carlos, enséñanos dónde colocaremos los cuadernos”.

El objetivo no es examinarlo ni avergonzarlo. Se trata de confirmar que la instrucción fue clara antes de que comience el desorden.

6. Acércate al niño que necesita más apoyo

Dar una instrucción desde el otro extremo del aula puede funcionar con algunos niños, pero no con todos.

Si un niño está completamente concentrado en su juego, acércate, colócate a su altura, di su nombre y habla con voz tranquila:

“Daniel, mírame. Coloca los carros dentro de esta caja”.

La cercanía reduce las distracciones y ayuda al niño a enfocar su atención.

En algunos casos necesitará que señales el material, que comiences el primer paso junto a él o que lo acompañes durante unos segundos.

Esto no significa hacer la tarea por el niño. Significa darle el impulso necesario para comenzar.

7. Dale tiempo para responder

A veces damos una indicación y, antes de que el niño pueda reaccionar, ya la estamos repitiendo:

“Guarda el material. Guarda el material. Te dije que guardes”.

Los niños pueden necesitar varios segundos para procesar el mensaje, detener su actividad y comenzar una acción nueva.

Da la indicación y espera. Observa si el niño está intentando responder.

Cuando repetimos una orden cinco o seis veces, el grupo aprende que no necesita actuar ante el primer aviso. Sabe que la maestra continuará repitiendo.

La meta es que los niños respondan desde la primera indicación, pero esta habilidad se construye gradualmente con práctica y constancia.

8. Anticipa los cambios de actividad

Muchas dificultades aparecen durante las transiciones, especialmente cuando los niños deben abandonar una actividad que disfrutan.

Pasar del juego libre al orden, de los bloques a la asamblea o del patio al aula puede generar resistencia si el cambio ocurre sin aviso.

Antes de finalizar, puedes decir:

“En cinco minutos comenzaremos a guardar”.

“Cuando termine la canción, ordenaremos los materiales”.

“Puedes jugar una última vez y después colocaremos los juguetes en su lugar”.

También puedes utilizar un reloj visual, una canción o una tarjeta de transición.

Anticipar no significa que todos responderán sin dificultad, pero les permite prepararse para el cambio.

9. Reconoce a quienes comienzan

Cuando algunos niños no responden, toda nuestra atención suele dirigirse hacia ellos. Mientras tanto, quienes sí están siguiendo la instrucción pasan desapercibidos.

Prueba reconocer de manera específica las conductas que deseas fortalecer:

“Veo que Adriana ya guardó sus colores”.

“Esta mesa comenzó a ordenar al escuchar la señal”.

“Ricardo colocó su silla en el lugar correcto”.

Este reconocimiento ayuda a que los demás identifiquen lo que se espera sin necesidad de señalar negativamente a nadie.

Evita expresiones como:

“Miren, todos obedecen menos tú”.

Comparar o avergonzar puede aumentar la resistencia. La intención es mostrar el comportamiento esperado, no exponer al niño que todavía necesita ayuda.

10. Ofrece opciones limitadas

Algunos niños se resisten porque sienten que no tienen ningún control sobre la situación.

Ofrecer dos opciones válidas puede facilitar la cooperación:

“Puedes guardar primero los bloques o los rompecabezas”.

“Puedes sentarte en la silla azul o en la silla verde”.

“Puedes comenzar con el dibujo o escribiendo tu nombre”.

La instrucción principal se mantiene. El niño debe guardar, sentarse o trabajar, pero puede elegir cómo comenzar.

No presentes demasiadas opciones, porque eso también puede confundirlo. Dos alternativas sencillas suelen ser suficientes.

11. Mantén límites y consecuencias relacionadas

Acompañar con respeto no significa permitir que el niño ignore todas las instrucciones.

Si comprende lo que debe hacer, tiene la capacidad para hacerlo y decide no cumplir, es necesario mantener el límite.

La consecuencia debe estar relacionada con lo ocurrido.

Si no guarda el material, deberá hacerlo antes de pasar al siguiente juego. Si utiliza un recurso de manera incorrecta, tendrá que detenerse y practicar su uso adecuado. Si desordena intencionalmente, participará en la organización.

Puedes utilizar una frase sencilla:

“Primero guardamos. Después elegimos otro juego”.

No necesitas discutir, amenazar ni levantar la voz. Repite el límite con serenidad y acompaña al niño para que lo cumpla.

12. Practica las instrucciones mediante juegos

Seguir instrucciones también se aprende.

No debemos asumir que todos los niños llegan al aula sabiendo escuchar, esperar, recordar una secuencia y actuar de forma organizada.

Estas habilidades pueden practicarse mediante juegos como:

  • Simón dice.
  • Sigue el ritmo.
  • Busca y trae un objeto.
  • Imita mis movimientos.
  • Escucha y dibuja.
  • Completa una secuencia de acciones.

También puedes ensayar las rutinas cuando no exista presión: cómo guardar, cómo caminar hacia la asamblea, cómo tomar materiales o cómo formar una fila.

Cuando los niños practican en forma de juego, les resulta más fácil responder en situaciones reales.

¿Qué hacer cuando nada parece funcionar?

Si un niño continúa teniendo dificultades, observa antes de concluir que simplemente “no quiere obedecer”.

Registra:

  • En qué momento ocurre.
  • Qué actividad estaba realizando.
  • Qué instrucción recibió.
  • Cómo se presentó la indicación.
  • Qué sucedió después.
  • Qué apoyo le permitió responder.

Quizás descubras que las dificultades aparecen durante actividades demasiado largas, en ambientes ruidosos, cuando las transiciones son inesperadas o cuando la tarea es demasiado compleja.

También puede ser necesario conversar con la familia y solicitar orientación del equipo de apoyo. El objetivo no es etiquetar al niño, sino entender qué necesita para participar mejor.

La firmeza no requiere gritos

Trabajar con niños que no siguen instrucciones en preescolar requiere paciencia, pero también estructura, observación y constancia.

Hablar con calma no significa permitir que el niño ignore los límites ni repetir una indicación indefinidamente.

Puedes decir con serenidad:

“Ya escuchaste la instrucción. Voy a ayudarte a comenzar”.

Las señales de atención, las instrucciones breves, los apoyos visuales, la anticipación y las consecuencias relacionadas ayudan a que los niños respondan sin miedo.

El verdadero objetivo no es conseguir obediencia inmediata mediante amenazas. Es enseñarles a escuchar, comprender, organizar sus acciones y participar responsablemente en las rutinas del aula.

Cuando la maestra deja de depender de los gritos y comienza a aplicar estrategias consistentes, no solo mejora la respuesta del grupo. También reduce su agotamiento y construye un aula más tranquila, segura y favorable para aprender.

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